La evolución es el principio
fundamental de la vida en el Universo. En ella reside la base del entendimiento
de todo cuanto pasa dentro y fuera del alcance visual humano. No hay
explicación lógica ni racional para la existencia si la evolución no es debidamente
considerada. La evolución estará siempre presente, siempre viva, siempre
actuante en todas las manifestaciones de la vida, desde que ésta comienza a
despuntar.
La evolución se hace sentir en
todo en la Tierra: en la semilla que brota para transformarse en una flor; en
el árbol que se agiganta y fructifica en la trayectoria de un ciclo; en el ser que se perfecciona
frecuentando la escuela; en el desarrollo de las artes, las letras, las
ciencias, de las actividades sociales y/o productivas.
El ser humano surgió en este
mundo como resultado de la acción constructiva del principio inteligente en los
diversos dominios de la naturaleza. Esa marcha evolutiva prosigue sin
interrupción o alteración. Los espíritus que ahora inician su progreso en
cuerpo humano encuentran en la actualidad condiciones más favorables al
desarrollo mental.
Una cosa, por ende, es segura: la evolución tiene que ser operada, a cualquier costo. Así lo determinan las leyes naturales e inmutables que rigen el Universo. Y esas leyes evolutivas son indiferentes a la pretensión de los que piensan poder eludirlas o anularlas.
Una cosa, por ende, es segura: la evolución tiene que ser operada, a cualquier costo. Así lo determinan las leyes naturales e inmutables que rigen el Universo. Y esas leyes evolutivas son indiferentes a la pretensión de los que piensan poder eludirlas o anularlas.
La sucesión de existencias o
multiplicidad de vidas corpóreas de una individualidad conciente, el espíritu,
denominada reencarnación, es condición esencial a su progreso. Debe, por eso,
la persona imprimir una orientación superior a la vida, para acortar el proceso
de su evolución, esforzándose por ser trabajadora y progresista, teniendo
siempre la atención dirigida para el perfeccionamiento de la propia personalidad.
La historia de la humanidad
está señalada por innumerables marcos indicativos de su larga, de su inmensa
trayectoria evolutiva. Y, porque es imposible recorrer todo ese extenso camino
en una sola existencia física, muchos se niegan a admitir la evolución, para no
verse forzados a reconocer la reencarnación como el elemento por el cual ella
se procesa. Bastaría que reflexionasen, para comprender que ninguna oposición
seria puede ser hecha a las leyes evolutivas. Sin ellas todas las personas
permanecerían en el mismo grado de espiritualidad.
La idea de evolución, aplicada
al vasto dominio de la espiritualidad, coordina y amplía nuestra concepción del
Universo, dando significado a los diversos fenómenos de la vida.
Al iniciarse el proceso
evolutivo, cada partícula de la Inteligencia Universal cuenta con las mismas
posibilidades, los mismos recursos, se encuentra en idénticas condiciones y
posee iguales valores latentes.
Por eso, se desarrolla en la
misma proporción hasta alcanzar la condición de espíritu, que es cuando pasa a
poseer cuerpo humano, y así a disponer del libre albedrío, para conducirse por
su cuenta y riesgo.
El mal uso del libre albedrío
retarda la evolución espiritual. Luego, las personas que usaren mejor el libre
albedrío – es evidente – conseguirán evolucionar más que otras menos
cuidadosas, en el mismo número de encarnaciones.
El observador que quisiere
“ver” tiene delante de los ojos el cuadro de la evolución del espíritu en la
vida terrena. No existen dos individuos iguales, aunque los haya semejantes.
Cada uno está promoviendo su progreso a su modo y a su esfuerzo, de acuerdo con
el procedimiento que ha adoptado en el transcurso de las existencias pasadas,
en un periodo de miles de años.

La evolución espiritual es,
por lo tanto, resultado del esfuerzo, de la voluntad y de las aspiraciones de
progresar.
Asimismo toda persona está
sujeta a las contingencias de la vida terrena, algunas de las cuales escapan
enteramente a su voluntad, como las epidemias, las calamidades públicas, los
cataclismos geológicos. De ahí la necesidad de encarar con simpatía y elevación
de sentimientos al semejante que se encuentre en situación desfavorable en
cualquier región del planeta, pues toda la humanidad constituye una única
familia habitando, pasajeramente, este mundo, para realizar su progreso
espiritual. Humanización debe ser el lema común; cooperación y
confraternización representan los elementos capaces de destruir la animosidad
entre las personas.
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Racionalismo Cristiano |
Espiritualidad e intelectualidad
son atributos diferentes que la persona perfecciona independientemente,
pudiendo avanzar más en el desarrollo de uno que del otro, en el curso de cada
existencia. Indispensables, ambos, a la evolución del espíritu, tendrán que ser
alcanzados con esfuerzo y determinación. El crecimiento espiritual obedece,
como el intelectual, a una complejidad de aptitudes, de conocimientos, de
experiencias que el espíritu obtiene cumpliendo fases de un proceso evolutivo,
en el cual se incluyen las múltiples encarnaciones en diferentes lugares.
Todos saben que los pueblos
difieren unos de otros. Esa diferencia es más acentuada, aún, de país para
país, donde se verifican hábitos, costumbres, tendencias, gustos, inclinaciones
y temperamentos muy desiguales.
En cada uno de esos
agrupamientos humanos, el espíritu cuenta con determinadas condiciones para
desarrollar facultades que, confrontando con el desarrollo ya adquirido por
otros, siente que están atrasados. Ninguna persona posee solamente defectos o
cualidades. Ambos son características que hacen parte de su personalidad moral.
La lucha que emprende tiene por fin reducir las imperfecciones y aumentar las
virtudes, desde que comienza a despertar para el lado evolutivo de la vida. Así
como la suma de individuos representa un pueblo, su formación moral indica el
resultado parcelado de las cualidades y defectos de ese mismo agrupamiento
social. Por ser así, es que cada uno da su mayor o menor contribución para la variación del nivel moral del pueblo
en cuyo medio deliberó evolucionar.
Por lo tanto, quien hace
evolucionar al planeta son sus habitantes. En los albores de la civilización,
ellos poseían un grado de evolución muy
por debajo del actual. El conocimiento y comprensión de las cosas son frutos
de la evolución del espíritu, y, parte de la humanidad ya considera la vida
bajo un aspecto que se aproxima, cada vez más, de la espiritualidad.
Es lamentable que el ser
humano transforme el extenso camino de la evolución espiritual en un estrecho,
áspero y sinuoso camino repleto de obstáculos difíciles de transponer. Tendrá
que comprender, tarde o temprano, que la humanidad camina en la misma dirección
y para alcanzar idéntico fin – el perfeccionamiento espiritual -, solamente
alcanzable por el esfuerzo propio bien orientado, por el trabajo individual
disciplinado y por la conquista del saber a costo de intensa y permanente
actividad.
Siendo así, es necesario ser
conciente y aprender a confiar en sí mismo, seguro de que son inmensos los
recursos que posee para llevar a buen término cada existencia física. Con ese
pensamiento quedará sincronizado con la corriente de la evolución, por la que
hará su ascensión espiritual, sin grandes tropiezos y sin mayores sacrificios.
Evolución
Traducido al español por Adelina
González